EL TRADUCTOR DE DIOS

La relación de Jesús con Dios era mucho más profunda que una cita diaria. 

Intimidad con Dios


Nuestro Salvador siempre estaba consciente de la presencia de su Padre. Escuche sus palabras: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente (Juan 5.19). No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo (Juan 5.30). Yo soy en el Padre, y el Padre en mí (Juan 14.11).

Es claro que Jesús no actuaba a menos que viera al Padre actuar. No juzgaba sino cuando oía al Padre juzgar. Ningún acto ni obra ocurría sin la dirección del Padre. Sus palabras suenan a las de un traductor.

Cuando Jesús anduvo en esta tierra, siempre estaba «traduciendo» a Dios. Cuando Dios hablaba más fuerte, Jesús hablaba más fuerte. Cuando Dios hacía algún ademán, lo mismo Jesús. Él estaba tan sincronizado con el Padre que pudo declarar: «Yo soy en el Padre, y el Padre en mí» (Juan 14.11). Era como si oyera una voz que otros no podían oír.


Presencié algo similar en un avión. Oía una vez tras otras estallidos de carcajadas. El vuelo era turbulento y agitado, lo que no era razón alguna para el humor. Pero alguien detrás de mí se desternillaba de risa. Nadie más, solo él. Finalmente me volví para ver qué era tan cómico. Tenía puestos unos audífonos, y evidentemente estaba oyendo alguna comedia. Pero debido a que nosotros no podíamos oír lo que él estaba oyendo, actuábamos de forma diferente. 

Lo mismo era con Jesús. Debido a que Él podía oír lo que otros no podían, actuaba en forma diferente a la de ellos. ¿Recuerda cuando todo el mundo estaba preocupado por el hombre que había nacido ciego? Jesús no. De alguna manera Él sabía que la ceguera revelaría el poder de Dios (Juan 9.3). ¿Recuerda cuando todo el mundo estaba afligido por la enfermedad de Lázaro? Jesús no. En lugar de acudir apresuradamente al lado de la cama de su amigo, dijo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella» (Juan 11.4). Fue como si Jesús pudiera oír lo que nadie más podía. ¿Qué relación puede ser más íntima que aquella? Jesús tenía una comunión ininterrumpida con su Padre.

¿Supones que el Padre desea lo mismo para nosotros? En forma absoluta. Pablo dice que hemos sido predestinados para ser «hechos conformes a la imagen de su Hijo» (Romanos 8.29). Permíteme recordarte:


Dios te ama tal como sos, pero rehúsa dejarte así. Él quiere que seas como Jesús. Dios desea tener con vos la misma permanente intimidad que tenía con su Hijo.

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo,
porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Juan 5:30



Tomado del Libro Como Jesús - Max Lucado

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