La voz del desconocido

En esta etapa del año, de reflexiones y replanteos, por lo menos a mi, me agrada planificar algunas de las cosas que deseo para el próximo año, para una nueva etapa.
Aunque las horas no marquen la diferencia en tu vida, las cosas que suceden durante esas horas sí lo hacen.
Quiero contarte una historia...

bella imagen con buenos deseos


Hace unos años en el área de un centro turístico en la costa este, una pequeña comunidad celebraba una reunión sobre algunos problemas financieros que enfrentaban. Entre las dos docenas o más de participantes había un hombre que no conocían, un visitante que al parecer vino de paso a la reunión. La conversación se enfocó en el desesperado estado de las arcas del pueblo y en las formas posibles de recoger fondos.

Durante la discusión, el desconocido trató varias veces de hacer comentarios sobre proyectos que se consideraban, pero en cada ocasión lo interrumpieron. Al final dejó de intentarlo y abandonó la sala.

Justamente cuando el visitante salía, alguien llegó tarde a la reunión. Jadeante por la prisa, el hombre apurado por tardanza preguntó:

-¿Qué hacía este hombre aquí? ¿Nos va a ayudar?

-¿Dé quién hablas? –preguntaron los demás.

-¿Quieren decir que no lo conocen? –Dijo él-. El hombre que acaba de salir es John D. Rockefeller. Su yate está anclado en nuestro puerto. ¿No consiguieron su ayuda?

-No, no conseguimos su ayuda –contestó alguien desesperado -.No sabíamos quién era.

Esta historia real nos ilustra dos puntos clave:

- Siempre las buenas costumbres tendrán su recompensa y la descortesía su precio.

- Es posible que estemos tan ocupados buscando la solución a un problema que acallemos la voz del Maestro que tiene todas las soluciones entre sus vastos recursos.

Cuando enfrentemos un problema difícil, decisiones por tomar que cambiarán para siempre el rumbo de nuestras vidas, decisiones más simples, o tal vez necesitemos un consejo sabio... escuchemos primero los que nos dice Jesús. Él va a estar siempre dispuesto a escucharnos y a aconsejarnos. ¡Ninguna otra opinión o solución puede nunca producir más resultados positivos que el suyo!

Deseo que Dios te bendiga y escuchar su voz en este tiempo.


He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.
Apocalipsis 3:20-21


Tomado del Libro Momentos De Quietud Con Dios

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