Estacas imaginarias

las mejores reflexiones cristianas

¿Viste en algún circo un elefante que pesa varias toneladas, amarrado a una estaca tan pequeña que hasta un niño podría arrancar? 

Por extraño que parezca, ese cuadro tiene una explicación. Los elefantes tienen una memoria prodigiosa, pero no son muy inteligentes. Cuando son todavía pequeños y no tienen muchas fuerzas, los amarran a estacas. Las crías se esfuerzan por liberarse. Lo intentan inútilmente una y otra vez, hasta que llegan a la conclusión de que es imposible huir. En ese momento, entra en acción la prodigiosa memoria y ellos recordarán por el resto de la vida que no pueden arrancar la estaca.



Lo mismo sucede con el ser humano. Cuando es pequeño, alguien le dice: “Tú no sirves para nada”, o, “Tú solo sirves para crear problemas”, y listo. Es como poner una pequeña estaca en el inconsciente, y aunque los años pasen, quedamos amarrado a las estacas imaginarias que nos impiden alcanzar los elevados ideales para que fuimos creado.

El texto de hoy dice: “Abatida hasta el polvo está mi alma”, Por alguna razón, el salmista también cargaba en su vida “estacas” imaginarias que no lo dejaban ser feliz. Se esforzaba, luchaba, pero los complejos interiores eran más fuertes que sus decisiones conscientes. Hasta que un día, clamó al Señor: “Vivifícame según tu palabra”. Y en ese instante, comenzó a nacer un nuevo día en su derrotada experiencia.


Hagamos una revisión de nuestra vida. Hagámoslo hoy, ahora, antes de seguir y enfrentar la lucha cotidiana. ¿Hay alguna “estaca” que no nos deja ser felices? Éste complejo, trauma o como lo queramos llamar, ¿está destruyendo nuestras vidas profesionales, nuestros matrimonios o la vida de nuestros hijos?

Consideremos esto: Si la Palabra de Dios tuvo poder para crear la vida cuando nada existía, si el tuvo poder para recrear todo cuando el enemigo había destruido la creación divina, con toda certeza tiene también poder para restaurarnos de manera completa. El instrumento que Dios usa para eso es su Palabra. Creamos en su Palabra, porque creer en ella, es creer en Jesús. Y Jesús es libertad. 

Por eso, en el comportamiento secreto de nuestro corazón, clamemos al Señor, y digamos: 


“Abatida hasta el polvo esta mi alma; vivifícame según tu palabra”.
Salmos 119:25. 



Tomado del libro “Cada día mas sabio”, por Alejandro Bullón.

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