¿Quién dirige tu corazón?

La frase “Sigue a tu corazón” es un estandarte de miles de millones de personas, puede sonar simple, bello y liberador. Pero, sin embargo, te irá mejor eligiendo "No seguir a tu corazón" para tomar decisiones importantes.


Una creencia que dice que tu corazón es la brújula interna que te llevará hacia tu verdadero destino, si tan sólo tienes el coraje de seguirlo, y que además es la guía que te llevará a la verdadera felicidad, si tan sólo tienes el coraje de escucharlo; en otras palabras, esta creencia entiende que estás perdido y que tu corazón te salvará. No, tu corazón no te va a salvar de nada. Es más, necesitamos ser salvados de nuestro corazón.

“Sigue a tu corazón” no se encuentra en la Biblia, y para la gente que se siente perdida es un evangelio tentador. En realidad, la Biblia piensa que nuestros corazones están enfermos. “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo?” (Jeremías 17:9, NVI). Jesús, el Gran Médico, enumera los severos síntomas de esta enfermedad: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mateo 15:19, NVI).

Por eso, detente y examina lo que la Palabra de Dios dice al respecto.


"¿Qué dicta tu corazón?" Piensa en esto por un momento. El corazón dice que toda la realidad debería servir a mis deseos. A mi corazón le gusta pensar lo mejor de mí y lo peor de los demás, a menos que los demás piensen bien de mí, entonces serían personas maravillosas. Pero si no piensan bien de mí, o si tan solo no estuvieran de acuerdo conmigo, entonces algo estará mal en ellos.

La verdad es que nadie nos miente más que nuestro propio corazón. Nadie. Si nuestro corazón es una brújula, entonces es como la brújula de Jack Sparrow. No nos dice la verdad, solo nos dice lo que queremos escuchar.



Nuestros corazones no fueron diseñados para ser seguidos, sino para ser guiados. Nuestros corazones no fueron diseñados para ser dioses en quienes creamos; fueron diseñados para creer en Dios.


Si hacemos que nuestro corazón se vuelva nuestro dios y le pedimos que nos guíe, en última instancia nos llevará hacia una miseria narcisista y hacia la condenación. Pero si nuestros corazones creen en Dios, de la manera en que están diseñados para hacerlo, entonces Dios nos salva y conduce nuestros corazones hacia un gozo profundo.

Por lo tanto, no creas en tu corazón; ordénale a tu corazón que crea en Dios. No sigas a tu corazón; sigue a Jesús, Él no dijo a sus discípulos: “No se angustien. Confíen en sus corazones”. Jesús les dijo: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí” (Juan 14:1, NVI).



Toma tus deseos, tanto los buenos como los malos, y llévaselos a Jesús en oración y confesión.

Jesús es tu Pastor (Salmos 23; Juan 10). Escucha su voz en su Palabra y síguelo. Déjalo ser. Jesús es la verdad; Él es el camino y Él te llevará a la vida.


Salmos 23
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes pastos me hace descansar.
Junto a tranquilas aguas me conduce;
me infunde nuevas fuerzas.
Me guía por sendas de justicia
por amor a su nombre.

Aun si voy por valles tenebrosos,
no temo peligro alguno
porque tú estás a mi lado;
tu vara de pastor me reconforta.

Dispones ante mí un banquete
en presencia de mis enemigos.
Has ungido con perfume mi cabeza;
has llenado mi copa a rebosar.

La bondad y el amor me seguirán
todos los días de mi vida;
y en la casa del Señor
habitaré para siempre.

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